Nutrición

La grasa no es el enemigo

Amigos míos, por mucho que os cueste creerlo, la grasa no es el enemigo, es el exceso de insulina lo que engorda. Son los niveles altos de insulina que se producen tras una alta ingesta de hidratos de carbono (un plato de pasta p.ej.), los que impiden que utilices la grasa que tienes almacenada en el cuerpo. Cuanto más alto sea el índice glucémico de un hidrato de carbono (el índice glucémico del pan es mucho más alto que el de la verdura) más rápido entra en la sangre en forma de azúcar y más alta es la respuesta insulínica.

Los músculos, el sistema inmunitario y todas las enzimas del cuerpo están formados por proteínas. Un consumo adecuado de éstas, estimula el glucagón que actúa como principal controlador de la producción excesiva de insulina. La grasa y la fibra soluble (la fibra de las manzanas p.ej.) disminuyen el ritmo de entrada del hidrato de carbono para reducir también la secreción de insulina.

Alimentándote correctamente, en un plazo de dos semanas empezaras a notar cambios: la concentración mental y el rendimiento físico aumentaran y comenzaras a perder el exceso de grasa corporal.

*Dato: Masticar pan durante un rato hace que las enzimas de la boca lo conviertan en azúcar puro, de aquí las caries.

Para quemar grasa se necesita grasa...

La grasa monoinsaturada (aceite de oliva, aceitunas, aguacate, nueces, pistachos, almendras y anacardos) no tiene ningún efecto sobre la insulina por eso comerla no hace que el cuerpo almacene más grasa y como ya hemos visto reduce la velocidad de entrada de los hidratos de carbono en sangre. Esta grasa ayuda a quemar la grasa acumulada.

La grasa provoca la secreción de la hormona del estómago que avisa la cerebro cuando has comido suficiente (CCQ/ colecistoquinina). Si dejas de comerla alteras las señales que te avisan de que estas comiendo demasiado. Además, las grasas poliinsaturadas son la base de las hormonas más poderosas que tenemos: LOS EICOSANOIDES. Hay eiconanoides “buenos” y eicosanoides “malos” y necesitas que estén equilibrados para gozar de una supersalud.

Los niveles excesivos de insulina producen un ácido graso poliinsaturado llamado ácido araquidónico que produce eicosanoides “malos”. Este ácido se encuentra también en niveles excesivos en las carnes rojas grasas, yema de huevo y en la carne de las vísceras (hígado y riñones).Otras grasas poliinsaturadas que produce este tipo de eicosanoides son las conocidas como Omega-6 (aceite de girasol o soja).

Para mantener el equilibrio entre los eicosanoides “buenos” y “malos” necesitamos comer grasas poliinsaturadas: Omega 3 y sobretodo el ácido graso más importante de esta familia, el acido eicosapentaenoico (EPA). La mejor fuente de EPA es el pescado (el salmón es el más rico).

Por qué no es bueno comer cereales...la importancia de las hormonas

Estamos genéticamente programados para un modo de vida que hoy no existe y esto se refleja en nuestra salud. Las adaptaciones genéticas requieren de entre 10.000 y 20.000 años. Las personas con el grupo sanguíneo más antiguo O, tienden a ser muy insulinosensibles por lo que los cereales con alto contenido en gluten son un desastre hormonal para ellos. Los grupos AB y B tienen una reacción insulínica ligeramente menor y el grupo A tolera mayores cantidades de hidratos.

La información, se comunica a través del cuerpo mediante de unos mensajeros químicos llamados hormonas. El modo en que envejecemos, quemamos grasas, pensamos y nos reproducimos, está controlado por éstas. Estas son algunas de las hormonas más importantes:

LA INSULINA es una hormona liberada por el páncreas en respuesta a la elevación de los niveles de glucosa y aminoácidos en sangre (al comer).Es la encargada de poner los nutrientes en nuestras células, por lo que no sólo es importante para el almacenamiento de la glucosa sino también para el de la grasa y la proteína (aminoácidos). Es un detector de nutrientes, al ingerir alimentos es la insulina quien indica dónde deben almacenarse.

EL GLUCAGÓN contribuye a normalizar los niveles de azúcar en sangre y de energía entre las comidas, liberando energía (carbohidratos) desde el hígado y permite que el cuerpo tenga mejor acceso a la grasa corporal para la obtención de energía. Es la hormona contraria a la insulina. La secreción de glucagón es estimulada por la disminución del nivel de glucosa en sangre (hambre) y por un aumento del nivel de aminoácidos en sangre. Los niveles elevados de insulina inhiben la liberación de glucagón. 

La insulina lleva los nutrientes al interior de las células y el glucagón, los libera para utilizarlos como energía.

LA LEPTINA es la hormona que regula el apetito ya que indica al cuerpo cuando estamos llenos. Es producida por las células del estómago. Esta hormona regula tanto el apetito como el metabolismo ya que va al sistema nervioso central y se comunica con los receptores cerebrales que controlan la ingestión y el gasto de energía.

EL CORTISOL eleva los niveles de azúcar en sangre lo que puede volver a producir grasa. La liberación de cortisol causada por el estrés y la falta de sueño, afecta significantemente en el aumento de la grasa corporal. La actividad física prolongada y la cafeína aumentan los niveles de cortisol.

Los cereales contienes lectivas y fitatos...

Algunas plantas como los arándanos y frutos similares, han desarrollado una estrategia que consiste en “dar algo apara obtener algo a cambio”. Las criaturas como nosotros comen estos frutos y luego eliminan las semillas en un paquete convenientemente fertilizado.

Otras plantas (como el trigo) adoptan un enfoque diferente y tratan de disuadir cualquier tipo de depredación envolviéndose en sustancias perniciosas ya sean irritantes o directamente venenosas.

Los cereales contienen una variedad de proteínas, algunas de ellas llamadas lectinas (no confundir con la hormona leptina). El gluten es una de ellas y se encuentra en el trigo, centeno y cebada. 

Las lectinas no se rompen con el proceso digestivo normal. Se unen a los receptores de la luz intestinal y son trasportadas intactas a través del intestino. El cuerpo confunde estas grandes moléculas de proteína intacta con invasores, como bacterias, virus o parásitos lo que obliga a nuestro sistema inmunológico a fabricar anticuerpos para combatirlas. Si se daña la pared intestinal (microvellosidades), todo el contenido del intestino puede penetrar en el organismo. En este caso, no solo creas anticuerpos, sino que puedes desarrollar diversas alergias gracias al recubrimiento intestinal permeable y a los alimentos mal digeridos.

El problema es que este tipo de proteínas se asemejan a otras proteínas de nuestro cuerpo como la proteína de las células beta del páncreas. Cuando el anticuerpo de la WGA ataca al páncreas, precipita una impresionante respuesta inmunológica, atacando el tejido. El páncreas se daña o se destruye y tú te conviertes en un diabético tipo 1.

Cuando la pared intestinal está dañada no digerimos correctamente los alimentos, especialmente las grasas y las proteínas. Esto produce en una ausencia de secreción biliar que a la larga producen cálculos biliares en la vesícula. En lugar de tratar la causa (eliminar el consumo de cereales), nos quitamos la vesícula. Las personas a  las que se ha extirpado la vesícula son casi con seguridad celiacas sin diagnosticar.

Los fitatos son antinutrientes...

Los fitatos son importantes para las semillas y granos porque se unen fuertemente a los iones metálicos (como magnesio, zinc, hiero, calcio y cobre), que son cruciales para el crecimiento y desarrollo del grano. Cuando consumimos cereales, los fitatos permanecen activos y se unen fuertemente al calcio, al magnesio, al zinc y al hierro haciendo que estos no estén disponibles para la absorción e incluyo restando estos minerales de nuestras reservas.

Los cereales que contienen gluten son adictivos ya que contienen moléculas que encajan en los mismos receptores del cerebro en los que encajan la heroína, la morfina y el Vicodín. Existen muchas enfermedades asociadas al intestino poroso y la repuesta autoinmune: osteoporosis, infertilidad, diabetes tipo 1, esclerosis múltiple, artritis reumatoide, hipotiroidismo…

¿Y qué ocurre con los lácteos?

Los lácteos actúan en el intestino de forma parecida a los cereales. El calcio de la leche se combina con otros minerales que se encuentran en cantidades excesivas en la leche animal, formando una molécula demasiado grande para ser absorbida por el intestino humano. No solo no aporta calcio sino que lo resta de los huesos. Además, el azúcar de la leche (lactosa) es muy difícil de digerir ya que cuando una persona llega a la edad de dos años, los intestinos elaboran menos lactasa, una enzima necesaria para absorber y digerir la lactosa. La no digestión de la lactosa produce inflamación intestinal, lo que puede producir serios problemas de salud en el futuro.